martes, 8 de junio de 2010

JUGANDO CON EL EVANGELIO. Segunda Parte y Prórroga

JUGANDO CON EL EVANGELIO. Segunda Parte.
(Visión particular del Evangelio a través de sus personajes secundarios).
Para entender la interacción en esta historia de los distintos personajes
como si fuera un acontecimiento deportivo, ruego al lector empiece, por favor, por la Primera Parte.

Lucas 19, 29-40

Si aquel animal pudiera transmitir sus impresiones diría
que aquel no iba a ser un día como los demás.
El amo le había sacado de su rutina y atado a un árbol
a la entrada de Jerusalén.

Se respiraba un ambiente festivo aquella mañana.
La gente cantaba y llevaba ramas
de palma entre las manos.

Un grupo de personas se le acercaron. Una de ellas
le asió de la rienda y se subió a su lomo.
Las demás personas agitaban las palmas, los ramos
y bailaban.
Si aquel animal pudiera transmitir sus sensaciones diría
que aquel hombre no era un hombre como los otros.

La comitiva entró en la ciudad cantando salmos y alabanzas.
Cuando el jinete bajó de su montura, a él volvieron a llevarle
de nuevo a la rutina.

A los tres días, le hicieron subir a un bosque.
Si aquel animal pudiera transmitir sus sensaciones diría
que aquel no iba a ser un día como los demás.

En el robledal, los romanos talaban árboles y le obligaban
a transportar maderos hasta la colina.

Al otro lado de la ciudad, la gente gritaba
(pero no cantaban salmos ni llevaban ramas
de palma entre las manos).
Si aquel animal pudiera transmitir sus emociones diría
que aquel no sería, un día muy normal.

Mientras los soldados construían una cruz, el amo
volvió a llevarle de nuevo a la costumbre.

A lomos
de quien ve pasar los días como un pájaro en un alambre
-o como un borrico a expensas de su amo- a veces cabalga la gloria
y otras veces, lo hace la oscuridad.
Y ni una ni la otra dejan huella perenne en nuestras vidas
ni se hacen libres en la mente, el discernimiento
ni la voluntad.

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Lucas 23, 26-27

Acababa de llegar de Cirene y no entendía
el porqué de aquel tumulto.
La gente gritaba enfervorizada por las calles.
No comprendía… ¿Qué pasaba?
Los soldados obligaban a caminar a un hombre
con una cruz a sus espaldas.
Ah, Jerusalén, Jerusalén –pensaba- qué ciudad más extraña
para un forastero.

Se acercó. Vio como un latigazo derribaba al desdichado
que caminaba tropezando hacia la muerte. Aquel hombre y su carga
cayeron ante sí de pronto. Un legionario le señaló con su lanza:
Tú, el extranjero,
recógela.

Trató de zafarse, pero la amenaza de un látigo
le hizo desistir.
Al tomar sobre sí el madero, le sorprendió la mirada
serena de aquel hombre.

Anduvo un centenar de metros. Puedes irte,
le dijo el legionario. Aún puedo, respondió el de Cirene.
Antes de abandonar la carga miró por última vez al reo,
limpió la sangre de su frente y separó los cabellos
lacios de su cara (aquellos ojos…).

Al marchar
sintió la liberación del peso de la cruz y una extraña
sensación en el alma. Partió hacia el Sur, camino de Jericó.
Buscaba trabajo en la cantera.

Desde aquel día
nunca más le llamaron extranjero en ninguna ciudad extraña
y siempre le recordaron como Simón, el hombre de Cirene.
Desde aquel día
las pesadas rocas de la cantera de Jericó también le parecieron
extremadamente livianas a sus espaldas.

Nunca comprendió
el porqué de aquel misterio
Desde aquel extraño día.

--oOo--


Lucas 23, 39-43


No podía verlos. Pero sí podía
escuchar sus blasfemias y lamentos tras de sí.
Aquellos ladrones compartían aquella tarde
su misma suerte.

A su izquierda
la voz de un condenado le decía: Si tú eres
en verdad el Cristo, sálvate.

A su derecha
la voz del otro bandido le suplicaba: Señor, acuérdate de mí
cuando estés en tu reino.

Eran las voces de la conciencia que duda y sufre
ante la incertidumbre (Eli, Eli,
lema sabachthani).

Pero en el centro estaba Él, el Hijo del Hombre, el triunfo
de la vida sobre la muerte: En verdad os digo
que hoy estaréis los dos conmigo
en el paraíso.

--oOo—


Juan 19, 31-37

Aquello no era justo,
se quejaba el legionario.
El centurión le había ordenado
guardia aquella tarde. No era justo, repetía.
Su familia le esperaba, hacía meses que no veía
a su mujer y a sus hijos.
Estaba lejos de casa; aquel día comenzaba
su etapa de permiso y no era justo. No,
no era justo.

Llegó la hora, soldado. Deja el vino, los dados.
Cumple con la rutina. El superior le entregó
el mazo y la lanza.

En el patíbulo, un veterano frenó el impulso
de su brazo y de su ira. Las piernas no, Longinos,
no hace falta. La lanza.
Sólo la lanza.

Tengo sed,
se quejó el crucificado. Una samaritana y su marido
le acercaron a los labios una esponja con vinagre.
Ella reconoció al hombre que una tarde
le ofreció la frescura del agua viva de una fuente.
De un certero golpe el legionario le hundió después
la lanza en el costado.

Un relámpago iluminó el calvario.
Longinos pensaba en su mujer, en su familia;
sus hijos le esperaban.
Y no era justo. No, aquello no era justo.

La lluvia caía fuerte. Era la hora sexta, y sin embargo la tarde
se hizo oscura como la noche.
Del pecho de aquel desdichado manaba sangre y agua.
Era extraño. Muy extraño. Pero injusto;
muy injusto, repetía

Pasó un mes. El legionario vio por fin
a su mujer y a sus hijos.

Pasaron dos años. En la batalla un día una lanza
le atravesó el costado.
Llovía. Hacía frío. Un relámpago iluminó
aquella tarde tan oscura.

Los rostros de cientos de moribundos se le aparecieron de pronto.
¿Era justo? le preguntaban.
Mientras él buscaba una a una las respuestas –dejando
allí la vida- sintió que una mano herida por un clavo
le abría las puertas del perdón y de los cielos


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Año 33. Mateo 27, 57-60

Ella sabía que José –el de Arimatea- era amigo
íntimo del crucificado.
Por eso se acercó a él y le entregó una sábana
que tejió su madre con el lino que cultivó su padre
en los campos de Cafarnaúm.

Las mujeres llevaron a José la mirra y el aloe.
El de Arimatea depositó en el mármol
la sábana y los lienzos, y sobre ellos el cuerpo
embalsamado de su amigo.

Al salir, un centinela -con la ayuda de un borrico
atado a la puerta- selló la pesada piedra del sepulcro.

A los tres días, antes de que un gallo
cantara al amanecer, una de las mujeres juró ante el Altísimo
que dentro de la tumba sólo vio los lienzos
caídos en el suelo. Recogiéndolos
se fue corriendo a dar a los suyos
la buena nueva.

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SEGUNDA PARTE
CRISTO 1 – Mundo 1



JUGANDO CON EL EVANGELIO. Tiempo de Prórroga.

Año 1.988

Aquella sábana representaba para muchos
algo más que una evidencia. Por eso la iglesia y la ciencia
decidieron tomar cartas en el asunto.

El científico más joven sería el encargado de transmitir
a la prensa y la televisión el rango de edad más probable
de ejecución de la reliquia: 1.260 – 1.390.

Sin embargo, a pesar del carbono-14, había algo
en la imagen de aquel hombre que hizo dudar al joven
de la veracidad de aquel informe.

A partir de entonces
su escepticismo se fue transformando en una búsqueda
constante de la verdad a través del evangelio (pero aquello
jamás lo dijo a nadie).


Mayo de 2010. (Prosa Poética)

Pronto entraría mi amigo al salón con los refrescos y los aperitivos.
Faltaban 5 minutos para la gran final. Un rápido zapeo por las cadenas de televisión me llevó hasta un documental de La Tres, en el que una fila de personas desfilaban ante la que llamaban Sábana Santa de Turín.
Decía el narrador, que el vaticano había autorizado de forma extraordinaria este año, la pública ostensión de la síndone. Terminó la locución diciendo, que en realidad la reliquia, era una mera falsificación de época medieval.

En ese momento entró mi amigo con las bebidas y los aperitivos. Cambiamos rápidamente a La Primera. Por fin, ante la pantalla, los preliminares del gran encuentro: Inter de Milán – Bayern de Múnich.

Al finalizar el partido, mi colega y yo comentamos algunas de las jugadas más importantes y nos despedimos. Luego, antes de acostarme, me puse a escribir como de costumbre.

El Telediario mostraba a una muchedumbre manifestándose alegremente por las calles de Milán: habían jugado y ganado la copa de Europa de fútbol (al mismo tiempo y sin saber porqué, me vino a la cabeza aquellos cinco minutos de documental en el que el rostro enigmático de un hombre miraba al mundo como jugando con la historia, la fe y la tradición. Sobre su cuerpo vi las señales de una lanza en el costado; en su boca las palabras despertando a una niña; en sus labios bebiendo el agua viva de una fuente; y en su mano la piedra que ningún hipócrita se atrevió a lanzar ). Aquel lienzo llevaba impreso mucho más que una imagen -pero pasó, aquella tarde, desapercibido-; en la televisión sólo valen las audiencias: el Milán por fin, campeón de Europa.

Pensé: ante los ojos de quien ve pasar la vida como un pájaro en un alambre, o como un pollino atado a expensas de otra voluntad , a veces se muestra la gloria en toda su grandeza y otras veces lo efímero de un éxito mundano.
Pero ni la una ni el otro dejan huella en el corazón del hombre si no se cuestionan las respuestas a los enigmas.
¿El carbono-14?. ¡Oh!, claro, tienen razón. Estamos en la prórroga de un partido en el que la ciencia va ganando 2 - 1 a la creencia. Sólo pido, que recuerden que un encuentro no termina hasta que alguien pita su final.

Hace dos mil años, sobre una colina, un hombre se expresaba así: Bienaventurados:
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios; y hoy apenas nadie lo recuerda, o se avergüenzan, o no está de moda hablar de ello.
Aquella tarde, 22 de Mayo de 2010, Mourinho –el entrenador del Inter- lloraba de alegría en un estadio y sus lágrimas dieron la vuelta al mundo.

A quien no le interese el fútbol ni la religión pensará, que lo que hoy escribo carece de interés y de importancia. Si ustedes lo desean, podemos hablar mañana del nuevo disco de Shakira, de la última película de Tarantino, o de los últimos avances sobre el genoma; y que la ciencia nos resuelva después los enigmas.Tranquilamente.


PRIMERA PARTE DE LA PRÓRROGA
CRISTO 1 – Mundo 2


http://josemanuelsaiz.blogspot.com/


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