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miércoles, 24 de abril de 2013

Jesús nos da la identidad que no es sólo un sello: es una pertenencia



El Papa Francisco en su homilía: 

"Encontrar a Jesús fuera de la Iglesia no es posible. El gran Papa Pablo VI dijo: ‘Es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia’. Y la Iglesia Madre que nos da Jesús nos da la identidad que no es sólo un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia. ¡Pertenecer a la Iglesia, esto es hermoso!”.



"Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor".
(FOTO © L'OSSERVATORE ROMANO)

EL EJEMPLO DE FRANCISCO



FRANCISCO tus GESTOS no dejan de SORPRENDERNOS!

Recientemente cuando el PAPA salia de su departamento en SANTA MARTA, se encontró con un GUARDIA SUIZO fuera de su Puerta. El PAPA, le pregunto que hacia ahí, y que si había estado despierto toda la noche.
" SI " contesto respetuosamente el guardia.
- ¿ De pie ? pregunto El PAPA. ¿ No se ha cansado ?
- " Es mi deber SU SANTIDAD, por su seguridad ".
El PAPA, lo miro amablemente, regreso a su departamento, y transcurridos algunos minutos regreso nuevamente trayendo entre su manos una silla.
- Al menos siéntese y descanse - dijo S.S.
Muy sorprendido el GUARDIA le respondió: " Discúlpeme S.S., pero no puedo, las reglas no lo permiten ".
" ¿ Las reglas dijo FRANCISCO ? ".
- " MI CAPITÁN SU SANTIDAD ", respondió el Guardia.
" Bueno, pero YO SOY EL PAPA y le pido que se siente ".
Un Poco mas tarde regreso el PAP con un pco de pan y jamon, se lo entrego al Guardia y le dijo: " BON APETTIT HERMANO MIO "

miércoles, 3 de abril de 2013

(vo Aniversario de la muerte del Papa Beato Juan Pablo II



EL PAPA FRANCISCO, EN ORACIÓN ANTE LA TUMBA DE JUAN PABLO II EN EL OCTAVO ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Ayer, día del octavo aniversario de la muerte del Papa Juan Pablo II, el Santo Padre Francisco visitó la tumba del Beato por la tarde, después del cierre de la Basílica Vaticana. El Papa Francisco estuvo orando arrodillado largo tiempo ante la tumba de Juan Pablo II –situada en la capilla de San Sebastián-, y luego rezó también ante las tumbas del Beato Juan XXIII y de San Pío X. Al igual que la visita que realizó también ayer a la tumba de San Pedro y a las Grutas Vaticanas, la oración ante las tumbas de sus predecesores expresa la profunda continuidad espiritual del ministerio papal, que el Papa Francisco vive y siente intensamente, como ha demostrado también en el encuentro y los repetidos coloquios telefónicos con Benedicto XVI.

viernes, 29 de marzo de 2013

El mundo nuevo ya ha empezado.


Precioso y significativo gesto al inicio de la celebración. El Papa Francisco se quitó la mitra y se postró ante el altar en silenciosa oración. Más adelante... impactante homilía del P. Raniero Cantalamessa, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos y predicador de la Casa Pontificia.




Al celebrar hoy la Misa de Jueves Santo en el Instituto de Casal del Marmo, un centro penitenciario para menores, en una ceremonia íntima, el Papa Francisco señaló que, a ejemplo de Jesús debemos “ayudarnos los unos a los otros… a veces me enojaré con alguien, pero debemos superarlo y si ellos piden un favor debemos hacerlo”.





El encuentro de dos Papas




El escudo representativo



Conserva sus zapatos, su cruz y su vestimenta austera, como el anillo lo pidió de plata en vez de oro.


El sillón de madera en vez de oro




Ayúdalo Dios mío en su Pontificado





Papa Francisco a presos: Os lavo los pies para recordar que tenemos que ayudarnos unos a otros

Papa Francisco a presos: Os lavo los pies para recordar que tenemos que ayudarnos unos a otros


jueves, 28 de marzo de 2013

EL PAPA FRANCISCO A LOS SACERDOTES - PRIMERA MISA CRISMAL




EL PAPA FRANCISCO A LOS SACERDOTES - PRIMERA MISA CRISMAL

De Jorge Mario Bergoglio

Queridos hermanos y hermanas: 
Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación. 

Las Lecturas nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... 
Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (Sal 133,2). 
La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras. 
La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). 
También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). 
Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires. 

"De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos a fijarnos en la acción". 

El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón. 
Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo. 

Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. 
Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame» y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en petición. 
Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. 
Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. 
Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. 
Los mismos discípulos – futuros sacerdotes – todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). 
El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto. Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. 
No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada. 

"El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque nuestra gente nos roba la unción, gracias a Dios – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. 
Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón". 

De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja», pastores en medio de su rebaño, y pescadores de hombres. 
Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús. 
Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios. Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. 
Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido. 

Papa Francisco en Misa Crismal 
28/03/2013

martes, 26 de marzo de 2013

Canción al Papa Francisco





Él es un hombre humilde y bueno
padre jesuita, justo y austero
tiene la fuerza y la templanza
que Cristo puso en el desierto
él es tu hermano, americano,
que con María reina del cielo
traerá esperanzas y bendiciones
toda la paz al mundo entero

(Coro) Francisco, papa del pueblo
que clama y lucha con los obreros
él es Francisco papa del pueblo 
pastor de un rebaño, grande como el cielo.

Él es nacido en Argentina
creció en Flores, barrio porteño
costumbres simples y fe de hierro
para los pobres, es un remedio
eres tanguero y futbolero
lo emociona su San Lorenzo
pero ahora en el Vaticano
esta ocupando, del lugar de Pedro

Francisco, papa del pueblo...(4v)

miércoles, 20 de marzo de 2013

“Ver la luz de la esperanza y dar esperanza” - Homilia de la Entronización de S.S. Francisco

http://blogs.21rs.es/lamet/2013/03/ver-la-luz-de-la-esperanza-y-dar-esperanza/



Reproduzco aquí el texto completo de la homilía pronunciada por el papa Francisco en la misa de inauguración de su pontificado. Es un discurso lleno de optimismo y esperanza,  amor a la naturaleza y a los más pobres, en el que presenta como ejemplo a San José de custodio de todo eso. “Cuidar unos de otros”, todo un programa para nuestro mundo. Como si Dios hubiera escuchado la “Carta a Dios”, que le dirigíamos desde aquí. Me impresionó además esa bendición a los periodistas, “respetando la conciencia de cada uno”, como si no quisiera imponer y otros muchos gestos de sencillez.
El tiempo irá diciendo, pero estos signos son ya muy consoladores. Su programa se puede sintetizar en estas claras palabras de su homilía: “Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos”.





Queridos hermanos y hermanas
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos.  Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas.  Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que  «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24).  En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José,  la de ser custos, custodio.  Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende.  Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor.  Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia?  Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.
En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos.  Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.  Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón.  Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres.  Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien.
En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.  Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido.
Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.  Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.  Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos.
Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida.  Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen.  No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura.  En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder.  Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata?  A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación:  Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. 
Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza.  También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza.  Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza.
Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.

domingo, 17 de marzo de 2013

El Papa del fin del mundo


http://www.elcorreodesalem.com/archives/1010  
Eduardo González Viaña




El Papa Francisco ha llegado a Roma desde el fin del mundo.
No se supone que esté dispuesto a restaurar las enseñanzas sociales del olvidado concilio Vaticano II.
Tampoco se piensa que hará suya la profecía heroica de la teología de la liberación.
Los comentaristas lo presentan como un moderado.
También se llamó así a Monseñor Romero quien tuvo que sacar la cara por los pobres y entregar su vida por ellos en El Salvador.
Eso ocurre porque hasta un “moderado” resulta revolucionario en un tiempo como el nuestro. Francisco gobernará la iglesia en un momento en que el capitalismo muestra su rostro más carnicero, feroz y apocalíptico.
Ese sistema asume ahora su postura neo liberal. En ella, la oferta y la demanda han reemplazado a los diez mandamientos, y el culto diabólico del mercado ha suplantado a la veneración de Dios.
El neoliberalismo se ha impuesto merced a la corrupción y a una brutalidad sin límites, y ha provocado el enriquecimiento desmesurado de unas cuantas empresas mientras que ha condenado a la miseria a las mayorías, y está envenenando el planeta.
En la misma ciudad de la que Francisco será obispo, decenas de miles de italianos han sido privados del techo y del puesto de trabajo. En las otras regiones de Europa, la mitad de los jóvenes nunca han podido utilizar su título universitario en tanto que sus padres están recibiendo la conminación del juez para abandonar sus viviendas y escuchan el anuncio de que el derecho a la salud y sus pensiones sufrirán recortes. Quienes pagan y sufren la crisis son ellos, aquellos que no la provocaron.
Al sacerdote, se le acusa de haber callado frente a los verdugos militares. Lo culpan de no haber hecho caso del grito de dolor de los torturados, el aullido de las embarazadas a quienes se les arrancaba el niño o la súplica de los que eran impedidos de morir para que sufrieran sin término. Dicen que miró para otro lado.
Ahora, tendrá que escucharlos porque, en el propio continente donde nació, si bien se han terminado las guerras sucias, la mentalidad de la intolerancia subsiste. Allí, en lugar de restablecerse la paz, se deja impunes a muchos criminales o se les ofrece un posible indulto mientras se refina el trato perverso contra los otros prisioneros.
¿Qué habría hecho Jesús frente al capitalismo de nuestro tiempo? Bien sabemos que despachó con un látigo los mercaderes del templo. Sabemos también que no vino a este mundo para crear una iglesia o una burocracia sino para anunciar y promover el reino de Dios, lo que supone un cambio radical en toda la humanidad cuyos autores no serán precisamente los ricos quienes al igual que un camello no pueden pasar por el ojo de una aguja. Así lo dicen los Evangelios.
El cardenal argentino ha decidido llamarse Francisco como el santo poeta de Asís que era hermano de todas las criaturas. A mí, personalmente, esa decisión me conquista.
“Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua…”
“Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.”

Si ese nombre encierra una promesa, el nuevo Papa habrá de asumir la defensa de los derechos de los seres humanos, y también los de la naturaleza. 
Al lado de nuestras hermanas agua y tierra, tendrá que defenderlas contra la codicia sangrienta de quienes se esmeran en practicar el culto maldito del oro.
Tal es la tarea del Papa llegado del fin del mundo. 
Si no lo dejan cumplirla, será también el Papa de la hora del fin del mundo.

El papa Francisco ante la prensa: "Ah, cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres" (VÍDEO)



El papa Francisco ha recibido este sábado a más de 6.000 periodistas, cámaras y fotógrafos que se desplazaron al Vaticano para cubrir el cónclave. En un momento de su discurso, el papa ha recordado cómo tomó la decisión de elegir su nombre como pontífice, y recordando a Francisco de Asis ha hecho un llamamiento a una Iglesia "pobre y para los pobres".
Francisco ha relatado cómo durante la votación final del conclave, el cardenal que estaba a su lado, su amigo el arzobispo emérito de Sau Paulo Claudio Hummes, le "reconfortaba" a medida que avanzaba el recuento y "la cosa se ponía peligrosa".
Ante los periodistas en el Aula Pablo VI del Vaticano, el papa ha narrado que en el momento en el que ya se supo que sería el nuevo papa, el cardenal Hummes "le abrazó, le besó" y le dijo "no te olvides de los pobres".
"Esa palabra entró aquí (ha dicho señalando su cabeza): los pobres. Pensé en Francisco de Asis inmediatamente. Así surgió el nombre en mi corazón", ha contado.
El papa Bergoglio ha hecho entonces un llamamiento al papel de la Iglesia frente a la pobreza. "¡Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres", ha exclamado, provocando la ovación de los asistentes.








http://www.huffingtonpost.es/2013/03/16/el-papa-ante-la-prensa-iglesia-pobre_n_2889969.html

sábado, 16 de marzo de 2013

Una entrevista a Jorge Mario Bergoglio



La entrevista que presentamos a continuación data del año 2009, cuando el desde esta tarde Papa Francisco era el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, radicaba en Buenos Aires y vivía para la labor pastoral. 
Saque usted su perfil, estimado lector, a través de estas declaraciones.
Entrevistador: En Buenos Aires algunos párrocos han tomado iniciativas para facilitar e incentivar a toda costa la celebración de nuevos bautizos. ¿Qué les empuja?
Jorge Mario BERGOGLIO: La Conferencia del episcopado latinoamericano que se desarrolló en 2007 en Aparecida nos llamó a anunciar el Evangelio yendo a buscar a la gente, sin quedarnos sentados en la Curia o en la casa parroquial esperando que la gente venga a nosotros. 
En el antepenúltimo párrafo, el documento de Aparecida da un salto hacia atrás de treinta años y vuelve a la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI, que describía el «fervor apostólico» como «la dulce y confortadora alegría de evangelizar», de «proclamar con alegría la Buena Nueva conocida gracias a la misericordia del Señor». 
Pero esto no se expresa básicamente programando iniciativas o eventos extraordinarios. Precisamente la Evangelii nuntiandi repetía que «si su Hijo ha venido al mundo ha sido precisamente para revelarnos, mediante su palabra y su vida, los caminos ordinarios de la salvación».  Es lo ordinario lo que se puede hacer en clave misionera.  El bautismo es paradigmático de esto.  Creo que los párrocos de Buenos Aires se han movido con este espíritu.

Entrevistador:  ¿Considera que la solicitud a la hora de facilitar el bautismo va ligada a situaciones particulares y locales, o es un criterio que se les puede sugerir a todos?
BERGOGLIO: La solicitud a la hora de favorecer de todos los modos posibles la administración del bautismo y de los demás sacramentos afecta a toda la Iglesia. 
Si la Iglesia sigue a su Señor, sale de sí misma, con valor y misericordia: no se queda encerrada en su autorreferencialidad. 
El Señor lleva a cabo un cambio en aquel que le es fiel, le hace levantar la mirada de sí mismo. Esta es la misión, este es el testimonio.

Entrevistador: En el subsidio al bautismo preparado y distribuido por la diócesis de Buenos Aires se responde a las posibles críticas de quienes dicen que los sacramentos no han de baratearse y que hay que mantener firmes los requisitos exigidos de preparación y disposición. ¿Son críticas legítimas?
BERGOGLIO: No hay ningún tipo de barato.  Los párrocos se atienen a las indicaciones de los obispos de la región pastoral de Buenos Aires, que respetan todas las condiciones que aparecen en el Código de Derecho canónico, según el criterio-base expresado en el último canon: la ley suprema es la salvación de las almas.

Entrevistador: Según usted, ¿se justifican de algún modo los casos en los que se les niega el bautismo a los hijos porque los padres no viven en una situación matrimonial canónicamente en regla?
BERGOGLIO: Aquí esto sería como cerrar las puertas de la Iglesia.  El niño no tiene ninguna responsabilidad del estado del matrimonio de sus padres.  Y además, suele ocurrir que el bautismo de los niños se convierte también para los padres en un nuevo inicio. 
A menudo se hace una pequeña catequesis antes del bautismo, de más o menos una hora; luego una catequesis mistagógica durante la liturgia.  Luego, los sacerdotes y los laicos van a visitar a estas familias, para seguir con ellos la pastoral posbautismal.  Y con frecuencia ocurre que los padres, que no estaban casados por la iglesia, piden venir frente al altar para celebrar el sacramento del matrimonio.

Entrevistador: A veces pasa que los ministros y los agentes pastorales adoptan una actitud casi de “dueños”, como si estuviera en sus manos el poder conceder o no los sacramentos.
BERGOGLIO: Los sacramentos son gestos del Señor.  No son prestaciones o territorios de conquista de curas u obispos.  En nuestra nación, tan amplia, hay muchos pueblitos adonde es difícil llegar, por lo que el cura va una o dos veces al año.  Pero la piedad popular siente que los niños han de bautizarse lo antes posible, y entonces en esos lugares hay siempre un laico o laica conocidos por todos como bautizadores, que bautizan a los niños cuando nacen, en espera de que vaya el cura.  Cuando éste llega, le llevan a los niños para que los unja con el santo óleo, concluyéndose así la ceremonia.  Cuando pienso en esto, me sorprende siempre la historia de esas comunidades cristianas de Japón que estuvieron sin sacerdotes durante más de doscientos años.  Cuando llegaron los misioneros los encontraron a todos bautizados, todos estaban casados regularmente por la Iglesia y todos sus difuntos habían sido enterrados cristianamente.  Aquellos laicos habían recibido solamente el bautismo, y en virtud de su bautismo habían vivido también su misión apostólica.

Entrevistador: Según algunos, sin adecuada conciencia y preparación el rito sacramental puede convertirse en cosa “mágica” o mecánica. ¿Qué piensa usted?
BERGOGLIO: Nadie piensa que no haya que hacerse catequesis.  Preparar a los niños para la confirmación y la comunión.  Pero siempre hay que mirar a nuestra gente tal como es, y ver qué es más necesario.  Los sacramentos son para la vida de los hombres y las mujeres tal como son.  Gente que puede que no sea de mucho hablar, pero que tienen un sensus fidei que comprende la realidad de los sacramentos con más claridad que muchos especialistas.

Entrevistador: En su experiencia pastoral, ¿puede contar algún episodio que ponga de manifiesto este sensus fidei?
BERGOGLIO: Hace justo unos días bauticé a siete hijos de una mujer sola, una viuda pobre, que trabaja haciendo limpieza y que los había tenido de dos hombres diferentes.  Yo la había conocido el año pasado en la fiesta de San Cayetano.  Me había dicho: padre, estoy en pecado mortal, tengo siete hijos y nunca los he bautizado.  Había llegado a esta situación porque no tenía dinero para que vinieran los padrinos que estaban lejos, o para pagar la fiesta, porque siempre tenía que trabajar… Le propuse que nos viéramos para hablar de ello. Nos hablamos por teléfono, vino a verme, me decía que nunca conseguía encontrar a todos los padrinos y juntarlos… Al final le dije: vamos a hacerlo con solo dos padrinos, que representarán a los otros. Así que vinieron todos y tras una pequeña catequesis los bauticé en la capilla del arzobispado. Después de la ceremonia hicimos un pequeño refresco. Una coca cola y bocadillos. Ella me dijo: padre, no me lo puedo creer, usted hace que me sienta importante… Yo le respondí: señora, yo no tengo nada que ver en esto, es Jesús quien hace que sea usted importante.










Por Raquel Niego, estudiante de Literatura en la Universidad Católica, más cerca del resto de las Humanidades y Ciencias Sociales.…


Fuente:Revista 30días
http://lamula.pe/2013/03/13/entrevista-a-jorge-mario-bergoglio-ano-2009/kelito

viernes, 15 de marzo de 2013

El papa Francisco y los memes

El afecto reflejado al Papa Francisco dentro y fuera de las redes sociales es un hecho. Y es que su sencillez definitivamente ha conquistado.
Jorge Enrique Mújica, LC 




El nuevo pontificado por:- Juan Antonio Estrada



Hay que reformar la Iglesia (“la Iglesia siempre necesita de reformas”) y en especial la curia romana, un organismo papal que se ha ido convirtiendo en un poder fáctico que, a veces, se impone al mismo papa. Ya no se trata de un problema coyuntural, sino estructural, “los papas pasan y la curia permanece”.
El nuevo papa fue jesuita y ocupó cargos importantes en la Compañía de Jesús, antes que en la Iglesia argentina. Es una paradoja que una orden religiosa en la que sus miembros hacen voto de no aspirar a ninguna dignidad eclesiástica y a resistirse a nombramientos, salvando siempre la obediencia a la Iglesia, acabe 500 años después teniendo un papa jesuita.
Bergoglio perteneció al sector tradicionalista, tuvo una teología conservadora y se opuso a la nueva orientación que asumió la Compañía con el generalato de Pedro Arrupe y el Concilio Vaticano II. Siempre fue una personalidad fuerte, con liderazgo y convicciones propias, que le generaron adhesiones y también fuertes críticas, sobre todo por el papel ambivalente que jugó en la época del régimen militar. No cabe duda de su capacidad de mandar, con la contrapartida de su personalismo que puede desembocar en autoritarismo. 
La pregunta es si el nuevo papa querrá y podrá reformar las estructuras del gobierno central de la Iglesia. No hay que esperar de él un cambio radical respecto del pasado reciente. Pero dentro del tradicionalismo imperante hay espacio para reformas descentralizadoras y que den más espacio al sínodo permanente de obispos, constituido tras el Vaticano II y que ha perdido el protagonismo.
Pero sería un error centrarlo todo en la reforma de la curia, condición necesaria pero insuficiente para una revitalización de la Iglesia católica. Desde el 16 de octubre de 1978 han gobernado la Iglesia dos papas tradicionales, más cercanos a los críticos del Vaticano II que a sus defensores. La involución se ha hecho notar en todos los ámbitos, entre otros en el nombramiento de los obispos.
Dios inspira a la Iglesia, pero no anula la libertad, intereses y acciones de los agentes humanos
Después de 30 años, la situación de la Iglesia no ha mejorado y los problemas se han agravado. 
¿Se impondrá un cambio de rumbo global para avanzar en otra dirección o se mantendrá la misma, modernizándola exteriormente? Es una pregunta abierta, ya que no es lo mismo ser provincial de los jesuitas que cardenal de una megadiócesis, y mucho más papa de una Iglesia mundial. 
No hay que dudar de su inteligencia, ni se puede olvidar su pasado conservador, la pregunta es si desde ahí puede ser el papa reformador.
Hay que dar un margen al nuevo papa, pero su pasado no es muy esperanzador, aunque la valoración del papa Francisco sea muy diferente según los fines que se persigan. Su austeridad y sobriedad personal podrían también favorecer un papado con menos boato, que elimine los restos cortesanos e imperiales que todavía hay en el ceremonial pontificio.
Los enfrentamientos curiales dejaron paso a los cardenalicios y no sabemos todavía las condiciones y planteamientos que han desembocado en la actual elección. Y no pensemos que es el Espíritu Santo el que lo ha elegido. Dios inspira a toda la Iglesia, pero no anula la libertad, intereses y acciones de los agentes humanos. Por eso, un gran historiador de la Iglesia confesaba su fe en la Iglesia, a la que no se la han podido cargar un buen lote de papas indignos a lo largo de la historia.
Un papa reformador es la esperanza del catolicismo, pero es la Iglesia toda, desde los cardenales y obispos hasta el pueblo de Dios, la que tiene que abrirse a una reforma interna y externa. Hay que actualizar el Vaticano II en un nuevo milenio y en el contexto de un mundo globalizado y mucho más complejo que el de los sesenta. De ahí dependerá el futuro de la Iglesia en esta primera mitad del siglo XXI. Ojalá que el papa Francisco sea de verdad el de la transición a un nuevo modelo de Iglesia, más evangélico y acorde con la mentalidad y sensibilidad actual.

Por: Juan Antonio Estrada es catedrático de Filosofía en la Universidad de Granada.
http://elpais.com/elpais/2013/03/14/opinion/1363266622_811564.html